
No existe oración o meditación religiosa sin afectividad. Quiere decir que la devoción es necesaria. La oblación de sí mismo, la prontitud en el servicio del Señor, es algo que pertenece íntimamente a la oración.
Por Fray Alberto García Vieyra O. P.
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Editó Gabriel Pautasso
Diario Pampero nº 103
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