La matanza de aquellos niños manifiesta la realeza de JESÚS, después de HERODES, creyendo en la palabra de los Magos y de los Príncipes de los Sacerdotes a quienes había consultado, vio un rival en el Niño de Belén, y receloso persiguió al Rey de los Judíos que acababa de nacer: “¡Cruel e impío Herodes! ¿Por qué temes a un DIOS que viene a reinar? No quita los cetros mortales. Ése que da los reinos celestiales”. (Himno de Visp. De Epifanía).
Pues a este Dios-Rey “confiesan los inocentes con su muerte”, que tributan a Dios es para los enemigos de JESÚS objeto de confusión. (Int.) , porque, lejos de salir con su intento, lo que paso fue que se cumplieron los oráculos que anunciaban cómo “el Hijo del hombre había de Egipto” (Ev.). Para JEREMÍAS evoca a RAQUEL, se oyen en todos los contornos de RAMA, porque sus hijos ya no existen. La Iglesia como cariñosa madre, reviste hoy a sus ministros con ornamentos de duelo, y suprime el canto del Gloria y del Aleluya.
Confesemos con una vida limpia de vicios, la Divinidad de JESÚS, que aquellos niños inocentes confesaron muriendo por Él (Or.).

Confesemos con una vida limpia de vicios, la Divinidad de JESÚS, que aquellos niños inocentes confesaron muriendo por Él (Or.).
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