
Desde lo profundo de esta tierra de lágrimas, en que la humanidad dolorida se arrastra trabajosamente; en Medio de las olas de este nuestro mar perennemente agitado por los vientos de las pasiones, elevamos los ojos a ti, MARÍA, MADRE amadísima, para reanimarnos contemplando tu Gloria y para saludarte como REINA y SEÑORA de los cielos y de tierra, como REINA y SEÑORA.
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